en el monte
hay un ciervo enterrado
con mi foto cosida al vientre
debajo de un árbol
hueco de piedra
que el viento usa de flauta
para llamarlo por mi propio nombre
canciones del día
en que sus ojos se abran
y me arrasen
-sus labios
de manteca salada en mis labios
por cada mano cinco
medialunas de mugre
bajo mis uñas han coagulado luego
de la aventura, de mi visita
al lugar donde
los paréntesis no cierran
taxidermia
curiosa la del nombre:
tras del viento
una estela de pájaros
para iniciar el fuego
barbijo*
Agosto 15, 2009
A mediados de julio, cuando escribo esto, ya todos saben que el barbijo no sirve a la hora de combatir la porca pandemia. Sin embargo, todavía en la mayoría de las farmacias no se consigue ni uno, y vemos hordas de enmascarados que se desplazan a través de la ciudad PRO, temerosos, ahora, hasta del aire, en el colmo tragicómico de ese Miedo que todos cimentamos a diario.
Condenada a encarnar sus fantasmas, esta sociedad a cara cubierta se disfraza hoy de bandido, terrorista, o, peor aún, piquetero. Abandonados los rasgos que nos diferencian, cada individualidad se disipa en una comunión de enfermos potenciales.
M. J. recorrió Buenos Aires durante su visita del ´93 muñido, por supuesto, de su correspondiente barbijo. Muchos consideraron esto un insulto grave, impropio de alguien educado. Por fin lo descartó una tarde para saludar a sus fans desde la ventana del hotel, pero se tapó la cara con un espejo en el acto más significativo de toda su carrera, y algo comenzó a mutar. Con el tiempo, varios de sus reflejos desfasados se pondrían un barbijo para ir a la cancha de Boca. Anticipado siempre, Miguelito.
Aquí, ahora, el barbijo no funciona como método de prevención contra una enfermedad infecciosa, sino que forma parte de la sintomatología de otra bien diferente; y podemos decir junto con aquel muchacho de voz aflautada que le responde a un Homero homofóbico y asustado la acusación de “todos están enfermos”, en un recordado capítulo de Los Simpsons: “sí, y no es gripe, gordito”.
(*) textito rechazado por una revista al no responder a la consigna para la que fue propuesto.
La cola de una pelusita filiforme
se encuentra atrapada en la parrilla
de mi ventilador
y no se resigna a ser expulsada;
su cabeza, la parte más abultada,
se mantiene a tres centímetros de distancia
en un equilibrio tiritante.
La cola es tan fina
que me resulta imposible verla,
pero la intuyo por contexto,
dado que no estoy del todo loco
y las cosas no levitan porque sí,
así nomás.
Hay otros restos de pelusa que también flotan,
pero atrapados adentro, inmóviles,
empujados por el viento contra el límite del ventilador.
Si lo apagara,
seguro quedarían en el mismo lugar,
incrustados en las rejas por el hábito.
Mi pequeña bailarina
es la única que ha osado aventurarse
un poco más allá,
y su danza es un festejo
reivindicatorio de libertad.
En un día como hoy, donde
el calor y la humedad empujan a todos los objetos,
animados y no, al centro estático de sí mismos,
a su expresión mínima,
ella es un puntito de esperanza, una suerte
de promesa donde la vida se ha confinado
para algún día volver renovada.
Claro que si no estuviera
sujeta de algún modo a su huésped,
aun postulada la invisibilidad del lazo,
mi mirada agobiada no habría dado nunca con ella
ni con la nostalgia que cifra.
Pero ahora que la contemplación directa
ha secado mis ojos
ya no quiero pensar en estas cosas.
pasma el espectáculo del ámbar
en todos aquellos que no bailan
y es un topo expuesto a la luz
mi fiebre y su consecuente espasmo
ramo de cerillas
el cuerno no hace acopio de salsa
y mi frente se desarma al ruido
del run tun tun
todo es fuego en la pista
carroña, albatro de baba en el cuello
de mi chica favorita
¿yo podré saltar al cielo
en un solo estertor
del compás trashumante?
sigilo de mosca ahora
en el colmo de la precipitación
sin prosa
hay egoísmo, baile
tuerto sin piola para unirme al palo
de este cuatro de copas vacilante
¿se acaba en
definitiva el baile habido?
pero si yo nunca me bailo ¡entonces
abrid la botella del ocaso
que paso!
es un batir de alas de madera
lo que me
lleva del forro del culo a parir en el medio de la pista
una versión mejorada
de mi mismísimo yo:
un fracaso consignado
en la deriva
sin ton ni son ni vos
para asirme a la fractura
del tiempo moldeado
por el zigzag de la canción nueva
me aplaudo contra la mejilla
el mosquito de la duda
y salgo con la esperanza renovada
de que por fin no me duela
mamacha
Octubre 4, 2008
Desde Ñemby, República del Paraguay, la flamante editorial Felicita Cartonera acaba de editarme un conjunto de poemas bajo el título Mamacha. A todos los involucrados (yo sólo conozco a Cristino Bogado), muchísimas gracias!
de mi vida real
al día de la suerte parca
Sangre
Besos
Culpa
conciencia de clase
y número bajo, nuestra
quiniela clandestina
dicta: 1 tras 1
ah, los sueños y luego
los jerarquiza en base a premios, vertical
La pasión argentina
descansa a cuatro guarismos
de la vírgen de Luján
o San Cono: cualquiera
que convenga y dé
las gracias.
Hoy los niños cantores
con las cuencas vacías, probos
de probeta: hechos ad hoc
las perlas numeradas al cielo
a quien quiera ver
a quien pueda
los bolsillos lacrados por el miedo
inocentes, cantan
-pregonan
porque para eso están
el azar que cifra mi sueño:
y múltiple setenta veces
la voz de mi padre muerto
su cáncer en mi garganta
por el cuarenta y ooooocho en el Uno
por el 47 qui parla
resuena y vuelve
esta noche
con toda su mugre
a la vida,
para que alguien diga: Gracias.
El sol es un orto de luz que a mayor exposición nos torna marroncitos
Septiembre 3, 2008
I
amenaza de la estrella de tres puntas:
“esperad, sólo dos
de mis miembros faltan”
y después sí, el dibujo de la cabra invertida en el medio de la playa,
la cabra isósceles de tres puntas
pisada durante todo el puto día
por el Turista,
se completa
II
el Turista demonio
muerte y violación de menores,
ese turista que se droga,
mata y coge
–sin respetar un orden
amén del mínimo indispensable
supuesto en la periocidad del vicio
III
Ah Turista malo
ahora ingresa al mar seco y erecto como un faro
a la vez que contempla una niña, la muerte
incubada en cada grano de arena
IV
el Turista sin respeto se pasea y ofende
la alegría de los chicos mientras
la cabra invertida espera sin solución de continuidad
la caída de la noche
porque la noche
siempre cae, a diferencia del día
–aunque en rigor lo que cae es el ano de Luz
V
viene una ola
como una mano
que arrastra las fichas hacia su punta
no hay escenas de tragedia impostada
porque ninguno de los abducidos por el mar
está acompañado en la playa; entonces,
superado este primer instante de perplejidad,
los perros gregarios
continúan la marcha y los tics estivales
VI
(de espaldas al Descenso
observa el Turista
a una señorita que no se decide
a salir del agua, cuya
morosidad, en conjunción con el frío,
deviene erección de poros, pezones y el propio Turista,
a quien la diéresis le recuerda “pingüino” y acto continuo
materializa uno sin querer,
por el sólo hecho de representárselo,
para gran alboroto de los niños felices por gregarios)
VII
la nariz
de uno de los niños
pierde lombrices y la madre
con un pañuelo de papel le indica
algo referido a los sifones
sobre ese pañuelo
ahora serpentean las lombrices
a lo letra mutante de confusa lectura
VIII
-Qué dicen, má- pregunta el chico; y es aquí cuando el Turista interrumpe la escena
para espetar al rostro extraviado de la madre su falta de cultura, pues, suponemos,
ella no sabe traducir lo que dicen las lombrices de la nariz de su hijo, y el Turista
que sólo desea saber le quita con
medio empujón el pañuelo,
lo mira pero tampoco entiende,
y al punto todos los niños perdidos en la historia de la
playa
como muñones de alegría se le incrustan en una zona indefinida de la frente
y él así cae, las lombrices aun danzantes,
para luego salir despedido hacia el cielo
hacia el Sol:
una fosa nasal
que se lo aspira hasta la nuca
oscar fariña
Agosto 18, 2008
por mail me llega un cuestionario
para una revista y de la lista
de desti
natarios
mi nombre es el único
que no sé reconocer
un ballet de policías en el agua
Mayo 27, 2008
una fisura líquida
se abre paso
en lo oscuro de la pieza
besos de quiniela
revolotean, luciérnagas sin luz
aquel derrotero amable
fuga de mí en mí
y el continuo
de fuga me hace otra persona
en una constelación de puntos muertos
siempre hacia delante
me dice y firma la multa el policía
parapetado desde siempre
tras una ampolla de pus



